DESPRECIOS Y RESPETOS
( Mépris et respects )
Publicado en Gil Blas, el 10 de marzo
de 1885
El duelo en el que el
lugarteniente Capuis murió, no parece ser en definitiva, más que el resultado de
un legendario desprecio del militar por el civil.
Si la frase leída en los periódicos es cierta: « No se
perdona a esos pillos, se les tira de las orejas », indudablemente debe
entenderse por pillos a todos aquellos cretinos vestidos de negro.
En todos los tiempos el pantalón rojo ha despreciado al
pantalón de fantasía. Se creería que hay una antipatía racial, y sin embargo los
sabios no han logrado todavía distinguir a un militar en traje de baño de un
civil con la misma indumentaria. Por el contrario se distingue, al primer golpe
de vista, a un militar de civil.
Pero ese desprecio que el militar francés
alimenta en el fondo del corazón por el burgués de su patria, se da todavía con
los mismos matices en el propio ejército; pues un oficial de caballería no se
considera nunca igual a un simple oficial de infantería, y los oficiales de
artillería miran por encima del hombro a los espadachines a caballo.
Ahora bien, hete aquí que hoy los nuevas clases
de ciudadanos devuelven al ejército ese desprecio secular que se alimentaba en
los cuarteles hacia el humilde burgués. Y se oyen en los cafés, a los fumadores
en pipa, a simples bebedores de cerveza, proclamar que el ejército agota la
savia del país, bebe la sangre de Francia, vive a expensas del trabajo común.
Esos ciudadanos de clases nuevas opinan que en
medio del esfuerzo moderno, esfuerzo de trabajo y de inteligencia para el bien
general, el ejército es semejante a la mosca improductiva de las colmenas de
abejas.
De estos intercambios de desprecios tan poco
justificados, tanto de un lado como del otro, resultarán sin duda dentro de poco
un cambio de buenas actitudes, que tendrán por código el precioso libro de
nuestro amigo A. Tavernier, L'Art du duel. El autor ha debido ser
solicitado ya para hacer de este tratado, tan divertido como útil en este
momento además, una edición de bolsillo para leer en el ferrocarril, una edición
popular y una edición de precio especial para colegios. Pronto oiremos a los
profesores ordenar desde la tarima: « Señor Lacroix, recíteme el capítulo IV del
Duel de Tavenier: violación de las reglas », como se oía antaño: «
Recíteme el comienzo del decimoprimero canto de la Eneida. »
Seguramente los alumnos no se quejarán, y yo no
me atrevería a afirmar que la primera de esas obras no les fuese infinitamente
más útil en la vida que la segunda.
Por otra parte no es únicamente entre militares y
civiles donde el desprecio es la única medida de opinión. Nosotros tenemos la
buena costumbre en Francia de comportarnos ante nuestros vecinos por desprecio o
por respeto, y nunca por juicios razonados.
Pasemos pues una pequeña revista a los hombres y
a las cosas que son de buen gusto, de buen tono, o únicamente susceptibles de
despreciar o respetar.
- Se desprecia a los tenderos. - ¿ Porque son
inferiores a los panaderos ? Usted no lo sabe con certeza, y yo tampoco. Pero
está admitido que es más noble hacer pan que vender azúcar.- Sigamos.
En el comercio, además, podemos comprobar mil matices
de desprecio. Y todo el mundo le dirá que los herreros o los vidrieros son la
aristocracia de la fabricación. La hija de un vidriero no se casaría, sin
rebajarse un poco, con el hijo de un fabricante de paños o telas. Sigamos aún. ¿
Quién podría convencer a un noble ostentando un título, a un noble arruinado,
ignorante como un fraile, incapaz de cualquier trabajo, inútil para todo el
mundo, que él no es de una raza distinta que el resto de los hombres ?
¿ Cuantos hombres de mundo coronados conocemos
que confunden en el mismo desprecio al Sr. Renan, al Sr. Pasteur, al Sr.
Berthelot, y a todos los grandes científicos de nuestra época, y que que
procederían al revés si se les dijese ante sus narices que el inventor del
sacacorchos a palanca es infinitamente más respetable que ellos, que tiene
derecho a una consideración más grande, a un sombrerazo más bajo, porque ha
hecho una obra útil de su talento ?
¿ Hay algo más divertido que el furioso desprecio
de un devoto por un ateo, sinó el frenético desprecio de un ateo por un devoto ?
Sin embargo es posible que el ateo y el devoto se
unan para despreciar con todo el poder de sus convicciones indemostrables, al
humilde indiferente que mira las estrellas murmurando « No lo sé, ni se sabrá
nunca.- Entre la concepción de un Dios mediocre que mi razón rechaza y una
negación absoluta que repugna a mi pensamiento, me abstengo.»
El legitimista de ayer despreciaba al orleanista,
que a su vez despreciaba al bonapartista que despreciaba al republicano.
Mientras que el buen republicano desprecia indiferentemente, con rencor, al
monárquico y al imperialista. Pero todos los hombres de convicciones políticas
se reunirían aún para despreciar a aquél que no vota y que declara: « - El
gobierno de uno solo es una monstruosidad. El sufragio restringido es una
injusticia.- El sufragio universal es una estupidez.»
Si pasamos al capítulo de los respetos,
descubrimos en él una lógica absolutamente semejante.
Se respeta a la Academia - sin comentarios.
Se respeta a la autoridad - pero la autoridad no
esta instituida más que para imponer la ley. Ahora bien, yo me niego a respetar
la mordaza que se me mete en la boca. Temo la ley que golpea a los escritores;
yo la obedezco, pero no la respeto. Si tuviese la desgracia de abrir una vez,
nada más que una vez, pero en su totalidad, el grifo de mis pensamientos, de
manifestar mis sentimientos sobre todo, mi opinión sobre todas las hipocresías
veneradas, sobre todas las bajezas y las infamias aceptadas, glorificadas,
saludadas, estaría seguro de ir a dormir sobre la paja húmeda de los calabozos.-
No, la autoridad no es respetable.
Se respetan las canas.- ¿ Por qué ? ¿ Porque son
blancas ? ¿ En que puede modificar el color de una cabeza la honorabilidad del
que la sostiene sobre sus hombros ? Que se respete a un anciano respetable me
parece estupendo, pero creo que un bribón no se redime envejeciendo y que
ochenta años de canallesca no merecen un saludo más respetable que cuarenta años
solamente de bribonería.
¿ Que se debe a los cabellos ?
¿ Se respeta al ejército.- A los conquistadores.-
Los grandes generales.- El poder exterminador ? Tanto como respetar la sífilis y
el cólera.
Se respeta a los soberanos- ¿ Por qué ? Es porque
cometen impunemente todos los crímenes prohibidos al resto de los hombres. -
Hacen matar, para su placer, en guerras estúpidas, ejércitos enteros.-- Tienen
amantes ante las narices de su nación.- En algunas ocasiones incluso es mejor.-
Son bígamos o trígamos con la bendición papal y la aprobación de nuestra santa
madre Iglesia. Cuando se embriagan, son unos vividores. Cuando envían a pudrirse
en prisión a los sospechosos, son firmes. Cuando son cobardes se les llama
prudentes. Cuando son estúpidos, se les supone reflexivos. Y siempre se les
respeta.
Se respeta al pueblo.- ¿ Por qué ? ¿ Porque es
ignorante, brutal, salvaje, grosero, feroz ?
Se respeta a los muertos. La religión de los
muertos es incluso, se dice, una de las delicadezas de París. Y en otros países
más lógicos se les trata, por el contrario, con extrema indiferencia. Comprendo
que un infame crápula merezca un poco de consideración a partir del instante en
el que su alma de pordiosero se evapora. Pero, al contrario, me parece justo
para un hombre bueno. En el momento que no es más que una carroña en
putrefacción, se le debe el mismo respeto que al estiércol.
¿ Que es lo que no respetamos aún ?
- ¿ El éxito ? Sean cuales sen los medios,
mientras que se debería al contrario respetar los medios que conducen al éxito.
¿ Las tradiciones ? Es decir la tontería antigua.
¡ La ignorancia secular de nuestros padres !
Y para concluir: En Francia, entre el desprecio
irracional de unos y el respeto religioso de otros, no hay nunca lugar para el
sentido común.
10 de marzo de 1885
Traducción
de José M. Ramos González para
http://www.iesxunqueira1.com/maupassant
Versión
en francés: http://maupassant.free.fr/cadre.php?page=oeuvre